LA PALABRA SE HIZO CARNE

Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo:
Os ha nacido hoy un Salvador que es el Mesías, el Señor.

Lucas 2,10-11


Con el nacimiento del Niño Salvador comienza la plenitud de los tiempos que dilata la historia de los acontecimientos temporales mucho más allá del tiempo y del espacio, llevando el curso mortal del tiempo, con su sucesión limitada, hasta la vida eterna que no pasa.

Historia y eternidad, cielo y tierra, plenitud de Dios y plenitud de la humanidad, se reúnen y encuentran en el nacimiento de este pequeño recién nacido.

El Verbo hecho carne ha plantado su tienda entre nosotros. Immanuel, Dios con nosotros.

Un irresistible impulso de amor empuja a Dios a no retener ese altísimo rango que es su condición de increado y a esconderse, no ya sólo en los abismos inaccesibles de su divinidad, en la que permanece, sino también en las fibras de la carne de un bebé chiquitín.

Este mismo impulso que desde toda la eternidad es Vida paternal y filial en una Aspiración sin comienzo ni fin, Lo empuja hacia los hijos de Adán hasta el punto de hacerlo pasar a Él, a nuestro Dios, a la otra orilla o, mejor dicho, al lado del otro, de ese otro que ha creado, imagen de su Belleza, pero distinto de su Divinidad: su criatura; criatura nostálgica de su Luz de Amor increada, criatura a la que no se puede resistir. Su Amor por ella va hasta el punto de dejarse reducir a la nada del hombre sin dejar de ser Dios.

Realiza una unión sin confusión de las dos naturalezas (naturaleza divina y naturaleza humana) en su Persona divina, sin alterarlas, de modo que cada una es respetada en sí misma.

Dios engendrado antes de los siglos de la sustancia del Padre y hombre nacido en el tiempo de la sustancia de su Madre. Misterio insondable que somos radicalmente impotentes de comprender y que conviene recibir en una admiración que culmina en adoración.


Oh misterio más inconcebible que ningún otro:
Encarnándose, Dios no se deja comprender
sino que se muestra todavía más incomprensible.
Desvelándose, permanece escondido.

San Máximo el Confesor

Ieshua'